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Siempre he sido
una persona tranquila, serena, me gusta trabajar pero también
disfrutar de las cosas sencillas, de los detalles de la vida.
Desde niño nunca tuve una motivación por la que triunfar o un
motivo para ser alguien en la vida o entregarme por entero.
Recuerdo en particular mi primera gran frustración: Mi amor por el
fútbol se esfumó obligado cuando a mis dieciséis años no tuve
permiso para entrar en un club desde el que había sido llamado.
Aunque se presentó una segunda oportunidad un año más tarde, no
funcionó. Me costó mucho entenderlo. Sin tener esta importante
motivación, y muy lentamente, entendí que Dios por algo hace las
cosas. Todo tiene para él un motivo.
Esa razón
apareció más hermosa que nunca en forma de mujer, como no he
conocido ninguna. Mi esposa, mi compañera, lo más hermoso que
tengo en la vida y la decisión más importante que he tomado me
hicieron entender que era éste mi destino y mi camino. Con ella
conocí el amor, la felicidad y mi ansiada razón por la que vivir y
luchar.
Pasaron los años
felices y reaparecieron los dolorosos, cuando te preguntas por
qué a mí, qué he hecho yo para merecer esto. Y miras al cielo
con rabia y no encuentras respuestas en ninguna parte y nada te
consuela y la vida se torna una especie de embudo que no deja
salida alguna, hasta que sucede lo más hermoso que he podido
sentir y conocer: El significado de la vida, el camino, la verdad
y el amor... conocí a quien hizo de mí el hombre que soy, quien me
ha dado todo lo que tengo. ¿Quién? Mi Señor, mi amado Jesús, el
que abrió mi corazón y lo llenó de amor, esperanza, verdad y
humildad. Cuán hermosa se torna la vida con él en tu corazón, es
como si nacieras de nuevo, todo brilla y es maravilloso. Las penas
se esfuman, se acaban y sale el sol iluminando la vida. ¡Qué
hermoso eres Señor Jesús! ¡Misericordioso y bondadoso! Tanto fue
este amor que terminó transformándose en un ser, en una vida, en
una esperanza, en lo mas lindo, que ni el universo se le compara:
Mi hijo Franco. No hay sentimientos más verdaderos que ver nacer a
un hijo. Más cuando sabes que es un milagro de nuestro Señor,
maravilloso, eterno y poderoso Jesús, que con su misericordia nos
bendice. De él siempre estaré agradecido por siempre y ante él se
doblará mi rodilla.
Aquí estoy, pues,
ya con un motivo por quien luchar, una razón para crecer y por
sobre todo para disfrutar cada minuto de esta vida, dando gracias
a nuestro Señor simplemente por tenerlo en mi corazón y darme vida
para amar a mi familia. Así soy y estoy ahora, tranquilo
disfrutando de todo lo que está a mi alrededor, de los momentos de
felicidad y alegría. ¿Y con los momentos difíciles? Simplemente
sonrío y agradezco igualmente a nuestro Señor.
Sólo he querido
ser sincero en todo lo que esta escrito aquí y decirles que la
vida es muy hermosa para gastarla ciegamente. Créanme que el único
que nos da la verdadera felicidad es nuestro Señor. El es el
Camino, la Verdad y la Vida. Sólo hay que amarlo como él nos ama.
La Paz de mi Señor sea con ustedes.
Muchas bendiciones.
César.
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